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ESTAFADORES DE COCHES ESTAFADOS

Fecha noticia: 29/05/08

Caso real de un particular que se toma con mucho humor la estafa a la que estaba siendo sometido cuando intentaba vender su coche

Estaba yo hace unos meses pendiente de la venta de uno de mis coches, cuando un correo electrónico de origen extranjero y a nombre de un tal David Bells apareció en mi bandeja de entrada. En un castellano muy rudimentario y torpe solicitaba más información acerca del coche que yo ofertaba. Como no era la primera vez que vendía un coche a un forastero, tanto en nuestro país como fuera, y al ser un "hombre de mundo" al que sus padres le pagaron la escuela de idiomas, respondí al posible comprador con un mensaje en inglés lo más detallado posible.

Cuál fue mi sorpresa cuando en la siguiente comunicación que recibo en el idioma que yo creí suyo, por su nombre, dirección de su servidor y cargo que decía ostentar en UK, su uso del lenguaje es casi tan malo como el del castellano anterior. Por eso quizá y para distraer, había incluido otra traducción al español.

Obviamente ya me había preocupado de buscar la empresa a la que decía pertenecer -sin éxito- y llamado al número que me facilitaba -que tampoco existía-. Todo apuntaba a un timo, pero como soy curioso al extremo y esta variedad no la conocía, decidí perpetuar la mentira.

En este último contacto al que me refiero, el señor Bells se refería a los "payment details", o sea, los detalles del pago. Esto ya me hizo gracia, que fuera el comprador el que pone sus condiciones en lugar de ser el vendedor, que es más normal.

En estos detalles se me decía que "había una persono suyo muy cerca mí" que me haría llegar un talón en su nombre por el importe del coche más 2.000 libras para que yo le "ayudara" a contratar el traslado de mi coche hasta su país, pues él se encontraba muy liado y no podía venir, pero la persona en su nombre era "totalmente fiar". Y que por las molestias, me premiaba con 500 libras adicionales. Estupendo. Yo sólo le tenía que mandar mis datos.

Y así lo hice. Le mandé mi nombre: Juan Pablo Segundo; mi dirección: un apartado de una localidad de Madrid sin más (y sin pérdida) y un número de teléfono con tarjeta prepago que compré para tal efecto.

Al día siguiente -vaya por Dios- el "muy amigo fiar total" de David había tenido que irse de España por "motivo de trabajos", pero él me prometía que me mandaría el talón a mi nombre. OK Dave, tu mismo.

No habían pasado ni venticuatro horas cuando Mr. Bells acude de nuevo a mi mail con un burdo resguardo bancario con un código a modo de localizador al que le faltan números y mi nombre (bueno, el nombre artístico de nuestro anterior Papa) como receptor. La cantidad es, efectivamente, la del precio del coche, añadiéndole 2.500 libras de premio y traslado. Insiste en que está en camino y que en un par de días obrará en mi poder listo para ser cobrado.

Estupendo, me empiezo a frotar las manos.

Pero (¡qué fatalidad!) resulta que el ha encontrado una empresa de transportes "más mejor en su local" y necesita que le reintegre las 2.000 libras que en mi talón -que está a punto de llegar- se contemplaban para tal fin.

¡Te pillé "tontolculo"!

Me da una serie de instrucciones -esta vez mucho más claritas- para que le mande el dinero a través de una de estas empresas especializadas en envíos económicos.

Está claro, ahí esta el timo.

Pues ni corto ni perezoso, tras haberme informado del proceder de estas empresas voy a mi banco y solicito un cambio de divisa: quiero 2.000 ¡rupias nepalíes!, que son aproximadamente 15 libras (unos 18 euros). Como últimamente hay mucho viajero español por el Himalaya el banco no tarda más de un día en poner en mis manos un abultado fajo de billetes de lo más chulo pero de lo menos valioso.

Y a la oficina de envío de dinero que me voy. Ya me ocupé que el de la ventanilla estuviera en el ajo, que me recomendó un envío ensobrado y no en giro. Meto mis 2.000 fantásticas rupias, pongo mi seudónimo y el de -imagino- Mr. D. Bells como receptor en una oficina en Inglaterra y se manda la pasta.

"De Mr. J. Pablo Segundo para Mr. Bells. Cantidad: 2.000 ¡".&/(. Como el símbolo de la moneda nepalí no lo conocen ni los lamas del Tibet, se pone un escueto //.

Me pongo al ordenador y escribo a mi comprador. "Dinero enviado, siento el retraso. ¿Se sabe algo de mi talón?"

Sin noticias.

Y así al día siguiente, y al otro, y al otro, y al otro. hasta hoy. No más correos electrónicos, ni una llamada. ¡y ni un talón en mi buzón!

Mi colega de la oficina de envíos me confirmó que el dinero había llegado (en divisa, sin cambio pues viajaba en un sobre) y que al parecer, lo recogieron cerca de Southampton. Me hubiera gustado verles la cara al ver sus "ganancias".

Espero, que mis amigos trileros - que ni siquiera creo que fueran ingleses- si una vez deciden viajar al Everest, se tomen -antes de iniciar el ascenso- una caña a mi salud y con mi dinero y se den cuenta de una vez por todas, que los españoles no somos gilipollas.

En fin, que no sólo desconfiéis de la venta de coches y motos a precios de risa, si no también de compradores misteriosos que vienen de lejos e insisten en fijaros ellos las condiciones de compra de vuestro vehículo. El dinerito por delante, y luego ya nos hacemos amigos.

Fuente noticia: BLOG AUTOCASION

 

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